PINTORESCO PUEBLO
Pequeño pueblo
con casas de papel traza
pegado débilmente al paisaje
de múltiples colores en su suelo.
Al fondo,
resaltando por entre los montes
se divisa la torre de la Iglesia,
elevándose cual seco palo
alargándose en el espejo,
que forma,
las aguas tranquilas del río
que lo atraviesan cauteloso.
Y cuando,
hacia el pueblo voy andando
por el único camino de arboleda
que se adentra en dos verdes
hileras
de Olmos y Álamos bién dotados
sirviendo de cobijo
a multitud de pájaros que me alegran.
Las nubes marrones
que por el horizonte se asoman
oscureciendo sus pocas casas,
y menos habitadas,
van dejando caer su leve sombra,
al Pueblo.
Por intervalos, todos a una,
y con aire de malvadas,
hacen rebosar su tímido llanto
sobre el trigo,
y a las sangrientas amapolas
que en bello desorden por el
campo
lo adornan.
Observo éste momento,
único y exaltado, por el encanto,
desde un cobertizo
con los dientes bailando,
mojado, empapado y mudo.
Mis ojos bien abiertos
y sólo, en éste Pueblo aislado
que parecía muerto…
En éste día, que en él he pasado
junto a Los Olmos y Álamos,
estando de La Ciudad, bién lejos.
Manuel Rueda Molina