Perlas diamantinas de lluvia
que se deslizan por el cristal
coquetonas y tímidas
buscando sus afines
en su caída precipitada,
absorbiendo suavemente
las pequeñas gotas frías
que se forman por el vapor
haciéndose entre ellas
una carrera interminable
a la unidad global.
Me entretienen cuando miro,
a través de la ventana del tren,
en el fondo del paisaje gris
otoñal
de esta tarde lluviosa de noviembre.
Viajando por la bonita tierra
de Puebla de Sanabria.
Manuel Rueda Molina
No hay comentarios:
Publicar un comentario