CASTELLÓ
Castelló,
verde alfombra
moteada de naranjos
y filigranas de nácar.
Mantel privilegiado
para el viajero Levantino,
y en cuyo horizonte
y la montaña le abraza con valor,
formando en su conjunto
lagos profundos de sabor,
en esta primera mañana de junio,
donde la brisa alegre y moderada
levanta marejada de Perfume,
con mística ensoñación,
en este campo que atravieso
viajando en el tren
hacia Valencia,
todo lleno de Naranjos.
Manuel Rueda Molina
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