Por la mañana,
fue de mañana,
cuando cometí
el dulce crimen y amargo,
y duéleme recordarlo;
pero también me jacto,
porque fué muy cruel
su silencioso engaño.
Usted también lector
podrá imaginarlo
en la Alborada. ¡Te amo!
y en la cama el engaño.
Sí, la quería…
la quería yo tanto…
que cada vez que me engañaba
puñaladas de dolor y llanto
en mi pecho hacían blanco,
y no veía claro como arrancarlo;
pero… dejaba… dejaba
dejaba sí, y no podía tolerarlo
y así, un día y otro,
me la estaba dando.
¿¡Qué tendrás tú,
rival de tan magno acto?,
¿qué tendrás tú,
que en la cama yo no hago?;
si tanto el hombre y la mujer
nada tienen de extraordinario!
¿Será por el acto villano
ó venganza,… pero de qué?...
si eres tú la que te haces daño…
Por último, le decía,
y tus hijos, tus hijos, vida mía…
pero nada ya podía remediar
el terrible daño que ella me
hacía.
Y ahora en soledad
viendo el Trigo y el Olivar
la echo de menos…
y ya, en está Libertad
que me he ganado,
después de los ríos de llanto
que nacieron en mis ojos
recordando, …
recordándola en la Prisión.
Fué de mañana
al regresar a mi hogar
cuando cometí
el dulce crimen y amargo
y duéleme recordarlo.
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