Mis queridos hermanos en Espíritu; Es una gran aventura para el ser encarnado,
decidirse a investigar su final en éste sorpresivo juego del renacer
Aparecer en este Mundo, y vivir entre todo lo creado por él y con sus
semejantes, sabiendo que en un momento determinado todo lo dejará, para
continuar en otra nueva etapa es intrigante.
A medida que avanzamos en el deseo de saber en el espacio que ocupamos, nos
hace preguntarnos el qué somos en realidad. El alma por su evolución, y aunque
lo sepa, lo dejará estar en el anonimato.
¿Pero qué eres?, ¿Quién eres?, y ¿Quiénes forman tu familia?... y así vamos
descubriendo en nosotros un sin fin de oportunidades, que nos ayudaran a ir
adquiriendo lo valeroso que tiene saber.
En el libre pensar, las verdades que se mantienen en el cerebro psíquico del
vivir existencia tras existencia, atravesamos un gran laberinto y que al recorrerlo, si no sabemos con certeza en
esa intención pura lo que somos, a pesar de todo, los errores y las
equivocaciones, también a la larga nos ayudarán a lograr la salida entre tanta
incertidumbre.
Se nos presentan en nuestra mente esas lagunas, por no tenerla adiestrada en la
investigación de nuestro ser y no mantener la razón libre de ataduras. Esa es
la entrega incondicional que nos brinda nuestro espíritu y Señor.
Comprendido éste juego, una vez más, dejemos que las radiaciones de Amor que
salen de nuestros corazones, se prolonguen hacia cada uno, con el deseo de que
sepamos descubrir en nosotros la mejor manera para estar hermanados con el Todo.
Formado por los diferentes reinos, y que en su unificación familiar más
elevada, por el Poder del Amor, Desinteresado, Reverente
y Eterno nos atrevemos a llamarlo: P. A. D. R. E.
Pablo comprendió en su momento ese Amor al que se refiere el Maestro, y pudo
decir: "…pero ya no me preocupo por mi vida con tal de que pueda anunciar
aquello que me comunicó Jesús"….
Manuel Rueda Molina
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