El Camino del Corazón es el que te libera, logrando alcanzar el Océano del Amor
Incondicional.
Ninguno puede decir que es más que el otro, porque todos tenemos
las mismas posibilidades de crecer espiritualmente.
Cuando sientas que todo se ha perdido, que estás solo, la mente se cae al vacío; sin haber
abandonado la mirada hacia el Maestro, desaparece todo lo que te ahoga y puedes ver
parte de las grandezas que esperan al Espíritu abnegado y despierto a la
realidad de su mismo Ser.
"Ama a tu Espíritu".... dice constantemente Yeshúa
Gracias Maestro porque no pueden confundirnos con otro que no seas Tú, nuestro
Amado.
Estamos en tiempos de confusión. No imitemos a nadie, ni copiemos imágenes de
personalidades postizas de ningún hermano, porque cada uno es irrepetible y
tenemos una fuente inagotable de sabiduría y trabajo personal para realizar.
Algunos espiritistas o los que se hacen llamar así, están cayendo en el error
de quedarse con el sentido de la letra y no se dan cuenta que el Espíritu que es, nada lo detiene en el descubrimiento de sí mismo. Por eso, siempre hay uno o varios seres o hermanos que rompen la estética y fija
idea en sus débiles razonamientos, que no los dejan progresan como ocurre en
las religiones; que siempre se quedan en lo mismo y no en lo que Es.
Los Espíritus se deben a un laudo de rigor y nunca te comunicarán adelantos si
antes no has tenido la osadía de viajar con la intuición que te llevará:
"siempre más Lejos, siempre más Alto, siempre más Allá"
León Denís
Te llevará a la conclusión correcta e indeleble de ello. Por eso trabajemos en la Verdad de toda la sabiduría que nos comunican en esos
benditos libros y las generosas comunicaciones a través de nuestros Médiums, llevándolo al auténtico razonamiento y a nuestra vida.
Un ejemplo de lo que les digo es esta pregunta que se ha quedado ya obsoleta:
¿La Tierra está inmóvil en el Espacio?.
En el pasado había una conclusión que el avance del Espíritu va llevando a su
verdadero sentido según va descubriéndolo con el esfuerzo de su adelanto. Así
todo, queridos hermanos.
Manuel Rueda Molina
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