COMUNICACIÓN
(En Tacoronte a las 11:35 a.m. Del 10-12-08)
Reunidos
nuevamente en casa de un amigo, y con algunos de los que estábamos comentando
la situación, que se contemplaba en esos momentos en toda Judea, pregúntole uno
del pueblo, que también era amigo de Mateo, sobre la
reencarnación del alma; el Maestro, dirigiéndose
a los que allí acudieron a verlo y a todos los que querían estar con él, les
respondió diciendo:
El Espíritu
del hombre es como un rey, y el alma como su querido hijo de aquel respetado rey, que antes de dejarle a éste su
trono como heredad, quiso que recorriera, y conociera con plena libertad de
movimientos todos los pueblos, aldeas y caminos de todas las ciudades que formaban
parte de su reinado, y a esto, decidiéndose el heredero, y para que no lo
reconocieran, tuvo que vestirse de diferentes maneras y formas, para pasar
desapercibido entre todos los habitantes, y con ellos día tras día convivía,
mejorando en sus conocimientos, y ampliando así sus aspiraciones de futuro.
Pasado un tiempo, y volviendo
el hijo al palacio, venían con él perros, loros, caballos, serpientes, monos,
leones, peces variados, corales etc., etc., abundantes flores de exquisito olor,
y cosas como diferentes piedras, cristales, y formas de otros lejanos reinos,
que habían compartido también su misión a pesar de sus penurias.
Después de contarle a su padre todo lo aprendido en aquellas experiencias vividas, el rey hace que se siente a su derecha, para darle su aprobación.
Para ello, ordena a sus representantes de todo el territorio, que acudan a dicho evento, y conforme van llegando los de cada pueblo, los hace colocarse en el lugar que les corresponde, de tal manera como lo hiciera el pastor con su rebaño, que separa a un lado las ovejas y al otro las cabras para pasar la noche; pero una vez terminado todo el protocolo, fue comentando con cada uno los pormenores, y los haberes que habían obtenido, que en definitiva son beneficios comunes, que los utiliza el rey para aminorar las deudas que se ocasionan en la relación entre ellos, y así, hasta terminar con el último y el más pequeño de los pueblos.
Entonces el rey, después de haber
examinado todas las cuentas con sumo esmero, miraba todo, y a todos en silencio,
y al rato los sorprendió de repente llamando a algunos, que estaban a su
izquierda, y a la derecha de su hijo diciéndoles:
Vengan hacia mí, amados de mi
hijo, porque también todo esto les pertenece a ustedes desde el fundamento de
mi reino, porque un día tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron
de beber, fui forastero y me facilitaron casa, estuve desnudo y me vistieron,
enfermo y me reanimaron, en la cárcel y fueron a consolarme.
Todos
se miraban extrañados….
Y
rompiendo nuevamente el silencio la voz del rey, mandó a sus guardianes que
hicieran salir a todos aquellos que de un grupo y del otro no habían cumplido con
él diciéndoles:
Ustedes todavía necesitan fuego y golpes para forjaros, como se
hace con el hierro, porque estando mi hijo entre todos sentía hambre y no le
dieron de comer, sentía sed y le negaron el beber, fue forastero y no lo
recogieron, enfermo, y en la cárcel, y
no le brindaron aliento ó ayuda.
Entonces se formó, en aquél recinto, un ensordecedor murmullo producido por el desconcierto y el nerviosismo de estos ellos, reclamándole al rey con mucho respeto, que les
aclarara:
¿en dónde, el porqué y cómo?, de todas sus quejas…..:
Oh! gran rey, señor
nuestro, ¿cuándo te vimos con hambre ó con sed, ó forastero, ó desnudo, ó
enfermo, ó en la cárcel, y no te asistimos?
Y
el rey, dejando un gran rato se calmaran,
prosiguió:
“Les aseguro que cada vez que hacían algo a mi
hijo y por cada uno de estos que se encuentran a su lado, a mi me lo hicieron”
Luego Jesús comenzó a imponer sus
benditas manos sobre los enfermos y nos acercábamos cada vez más a él para recibir
sus bendiciones.
Y en ellas los dejo.
Juan
Po.:Manuel Rueda Molina
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