Sentir
en el aire tus
propias cenizas
de aquello que animas
por un día en la eternidad.
Sentir
que todo lo dejas
en el Amor sin quejas y sin odiar.
Sentir
que todo lo has dado
y sin mirar quien lo ha tomado.
Sentir
la alegría de soñar
en el Ocaso divino que atravesarás.
Sentir
que la misión ya se ha cumplido
en la soltura cautiva de aquello que será.
Sentir
una vez más
la alegría del deber cumplido
ordenando las saetas de Amor como Cupido
para a Casa regresar.
Manuel Rueda Molina
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