Yo me acerqué a un riachuelo
de agua clara y cristalina,
sentía una voz que decía:
escupe el agua y tírala.
...oOo...
Amigo tuyo es la culpa,
tuya es la culpa y no mía,
de que vaya siempre oculta
la verdad de tu María,
si la dejas abandonada
por la noche y por el día.
...oOo...
Aparece la mañana
y el Rocío por salir.
Padre mío, ¡ay, del Cielo!
que alegría, siento aquí.
Manuel Rueda Molina
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