Gobernando en su Eternidad
lo Supremo permanece sin alteración
a la vez que en su Esencia
vibran, se liberan y crecen,
las infinitas partículas
de la Sustancia manifestada,
que se mueven viajeras
en el infinito río de las causalidades,
convirtiéndolo en un gran telar de vida
para facilitar el movimiento
a sus partes fragmentadas que lo forman,
desde lo más pesado hasta lo más sutil;
llegando éstas en su trayectoria
a reconocer en sí mismas lo Supremo
y por lo tanto, hermanadas en Voluntad.
Manuel Rueda Molina
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