¡Oh! Tierra bendita en donde medito.
Tus pechos se reflejan en tus ojos de Olivina
haciendo un amanecer polícromo de purpurina.
Las rizadas olas avanzan en la arena
y la negra piedrilla pulula diamantina
en el Amor que nos regala el día.
El Sol brilla como en el Ocaso
acariciando al Ser, dándole Vida
y los gritos de los niños hacen mirar muy atrás
con nostalgia y alegrías,
recordando los momentos que ya; uno viviría.
Una y mil veces,
renovando siempre su estructura,
las huellas del hombre son borradas
de la pequeña playa,
como las reencarnaciones
que aquí; en la Tierra, goza el Alma
olvidándose, tal vez, al vivir,
que Él no es el cuerpo sino el Espíritu.
Espíritu…, Espíritu:
Entrañas del Todo y de la Nada,
De su Esencia.
Manuel Rueda Molina
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