El fuego, su Esencia, está oculto en todas las cosas, hasta en los océanos o el agua que lo apacigua y enaltece.
Siempre está aguardando el momento para salir. Busca su expansión con su agresiva, neutra y variada aparición saliendo de su morada o reino de la nada donde nos tiene atrapados dentro de su vientre ayudados en esa liberación, por el juego de los iguales, para que ella se manifieste multidimensional y sin limitaciones en el venir e ir multiplicándose en existencias momentáneas, y al mismo tiempo en la necesidad del: aparecer, expandirse y morir; significado éste glorioso para el que sabe.
En todos los reinos Él es el dueño. Se adapta a todas las formas, apareciendo a través de la multiplicación o la reproducción. Si observamos, por ej.: una tórtola la hace crecer pero llega un momento que palpita en ella y se ve obligada a buscar a su igual o de su especie y cruzándose la hembra y el macho, el fuego logra ascender, desarrollándose de nuevo.
Necesita de nuestro roce o cruzamiento por el cual, individual y en la colectividad ella se hace visible para expresar su silencio en belleza creciente.
Nada es más poderosa y transformadora en sí mismo. Cuando el teúrgo descubre sus encantos y comprende su Amor, la kábala, los misterios, los ritos, los mantrans, las oraciones....bueno, todo está de más, porque ella te diviniza y te lleva a la escala más elevada del Supremo Amar en la expresión .... anti …. que está fuera de todo entendimiento humano porque la personalidad, y el ego se disuelven.
Manuel Rueda Molina
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